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SERGIO FLORES PRIMER TRIUNFADOR EN GUADALAJARA.

Luis Fernando Loza Lepe, Guadalajara. - Colaboración Especial - 16/10/26

Guadalajara, Jalisco.- El espada tlaxcalteca Sergio Flores cortó una oreja, con fuerte petición de una más; al segundo de su lote y se ubicó como el triunfador de la Corrida de Las Luces en Guadalajara, festejo que fue punto de arranque de la temporada grande en la capital jalisciense.

 

Flores enfrentó a ‘Hacendado’ con su sello personal, citó de largo y luego extendió su brazo derecho para dibujar muletazos con mucha profundidad.

 

En su primero, había malogrado con el estoque una sólida faena del gusto general, escena que no se repitió al pasaportar a su segundo de espadazo total con la colocación necesaria para que doblara rápidamente el ejemplar de Ordaz.

 

El biombo sacó un solo pañuelo mientras la mayoría en los tendidos exigió ruidosamente un trofeo más que no fue concedido.

 

El español Víctor Hernández dejó grata impresión entre la afición tapatía, su firme técnica y valor sin escatimar fue reconocido por la afición de El Nuevo Progreso, a quien regaló un séptimo que lastimosamente se vino abajo en el momento que Hernández empezó a conectar con el respetable.

 

El español mostró mucha determinación para agradar a la afición tapatía, su primero lo recibió a Porta Gayola para jalar los reflectores a su persona, pero entre el acero y la debilidad de su lote, tuvo que recurrir al de “regalo” donde tampoco hubo tela de donde cortar.

 

‘El Calita’ estuvo dispuesto toda la noche, su primero resultó huidizo pero lo alcanzó a meter a su muleta, con una estocada defectuosa se esfumó la posibilidad de algún eventual trofeo.

 

Con su segundo, no mejoró su fortuna, ‘Tecolote’ fue de áspero e incierto recorrido, “Calita” buscó sacar agua a una piedra sin mayor éxito, luego despachó con un aviso encima.

 

Antes del festejo, se honró la imagen de la Virgen de Zapopan enmedio de una emotiva procesión en el ruedo tapatío.

 

El encierro de Ordaz tuvo buena presentación pero poco fuelle, aplaudidos por su amplia cornamenta cuando saltaron a la arena, pero desconcertantes cuando tenían que aplicarse a fondo con raza y convicción.