Guadalajara, Jalisco.- Alejandro Fernández cortó una oreja al sexto de la tarde, toro que lidió ante la imposibilidad de Vladimir Diaz para regresar al ruedo, y resultó el primer triunfador el serial novilleril en El Nuevo Progreso de Guadalajara.
El encierro de Santa Lucia/Zaragoza Hermanos fue bien presentado, de juego y tipo distinto, pero aprobó el examen ante la torista afición tapatía. Destacaron el primero (arrastre lento), el quinto y el sexto.
Alejandro Fernández había regalado momentos con sabor y largueza en sus derechazos durante su lote ordinario, pero sin cosechar trofeo alguno; la fortuna lo instaló para lidiar el sexto ante la indicación médica para que Vladimir Diaz no regresara al ruedo a enfrentar su segundo.
Fernández se descalzó para enfrentar a “Ganadero”, el novillo mejor presentado de la tarde con 470 kilos encima y de notoria cornamenta, no tardó mucho en enterarse de la embestida clara y entregada del novillo, acudía con más claridad por el pitón derecho y el espada jalisciense tuvo material para hilvanar series duraderas y del gusto general.
Su estocada fue completa y en buen sitio, de rápidos efectos para que los tendidos solicitaran el apéndice que la autoridad concedió, Alejandro paseó la oreja junto al ganadero Marcos Zaragoza.
Por su parte, Vladimir Díaz llegó al festejo con cierta limitación física tras la paliza que recibió la semana anterior en Tlaxcala, situación que se agravó con la sacudida que recibió de su primero, a partir de ahí se nublaron las ideas del espada michoacano y su lidia terminó con un bochornoso pasaje que incluyó una veintena de intentos de descabello mientras escuchó, uno a uno, los tres avisos.
Fue atendido en la enfermería, donde se le confirmaron mareos y cierta dificultad con el equilibrio, por lo que no se le permitió lidiar su segundo.
El novillero de Aguascalientes, Tomás Alejandro recibió a los dos de su lote “a porta gayola”, dejo ir el triunfo en el quinto de la tarde, “Empresario” con 470 kilos encima, fue un toro de embestida noble y clara al que le hizo falta una muleta mandona.
Hasta entonces el novillo mejor presentado, derribó con fuerza al picador, apretó a los banderilleros para dibujar un gran tercio con los palos, acudía al engaño por ambos lados, sin siquiera mirar a su lidiador quien no lo aprovechó al cien por ciento.
Cuando se perfiló con el estoque lo hizo sin decisión y se esfumó la posibilidad de un triunfo importante en el coso de Guadalajara, despachó de media al tercer viaje ya con un aviso encima, el ejemplar fue despedido bajo la ovación del respetable.