México.- Pocas horas después de haberse enfrentado a una de las corridas más exigentes de la temporada, Isaac Fonseca habla con la calma de quien ha mirado al toro a los ojos y ha salido en pie. La tarde con los toros de Dolores Aguirre dejó heridas en el orgullo pero no en la convicción. "Fueron toros de verdad —dice sin titubear—, y yo creo que hay que agradecérselo a la ganadería, aunque te pongan en un aprieto. Eso es lo que te hace crecer."
La violencia de aquella corrida lo puso a prueba en cada tercio. Toros que llegaban enteros a la muleta, con ese genio que no da cuartel y que exige al torero moverse en la verdad más incómoda: la de exponerse sin red. Fonseca reconoce que la tarde no salió como soñaba, pero no elude su parte de responsabilidad. "Hubo momentos en que pude haber estado más quieto, más templado. Pero también hubo momentos en que le planté cara al toro como creo que hay que hacerlo. Con eso me quedo."
"Hay tardes que te enseñan más que diez triunfos. Esta fue una de ellas. Salgo de aquí con más hambre que antes."
El torero no se permite el lujo de la lamentación prolongada. Ya tiene la vista puesta en el 11 de abril, cuando se presentará en la plaza de Texcoco, en tierra mexicana que conoce y que, asegura, le da una energía especial. "El público de México te lo da todo o no te da nada —sonríe—. Y yo necesito esa exigencia ahora mismo. Necesito una plaza que me pida." Será una tarde en la que Fonseca buscará reencontrarse con la fluidez y la confianza que los toros de Aguirre complicaron sin remedio.
Pero el horizonte más ambicioso llega el 27 de mayo, cuando el calendario lo devuelve a Europa para actuar en Las Ventas dentro de la Feria de San Isidro. La cita es de las que pesan: el abono más exigente del mundo, el tendido más entendido, y la sombra alargada de una temporada que necesita un golpe de efecto. "Las Ventas es Las Ventas —dice con respeto profundo—. No hay manera de prepararse del todo. Pero sí puedo llegar con la lección aprendida de lo que viví aquí. Y llegar con ganas, que eso sí está en mi mano."
Fonseca se despide con la mirada de quien ya está en otra plaza, en otro tercio, enfrentando en la imaginación al siguiente toro. La tarde áspera de Dolores Aguirre queda atrás como cicatriz útil. Texcoco y San Isidro esperan.