En la tauromaquia mexicana existen apellidos que trascienden el tiempo y se convierten en sinónimo de oficio, entrega y tradición. Efrén Acosta es uno de ellos.
Con la reciente certificación de Efrén Acosta Cobos como picador de reses bravas, esta familia escribe uno de los capítulos más emotivos de la fiesta brava en México, al consolidar cuatro generaciones consecutivas dedicadas al arte del puyazo.
Una historia que comenzó hace décadas
El origen de esta saga picaril se remonta a Efrén Acosta Mota, quien fue el primero en montar a caballo y enfrentarse al toro con la vara en ristre, abriendo el camino de lo que con el tiempo se convertiría en una auténtica estirpe taurina. Le siguió Efrén Acosta Baraí, quien tomó el relevo familiar y continuó labrando el nombre con trabajo y dedicación en los ruedos mexicanos y del extranjero.
La tercera generación llegó de la mano de Efrén Acosta López, quien reafirmó que en esta familia la vocación no es accidente, sino destino.
Y ahora, la historia continúa.
El cuarto Efrén
La semana pasada, en la ciudad de León, Guanajuato, un joven se subió al caballo con la responsabilidad de cuatro generaciones sobre los hombros. Efrén Acosta Cobos se presentó ante el tribunal examinador y cumplió de manera sobresaliente con la prueba que la tauromaquia mexicana exige a quienes desean ejercer este oficio de manera oficial: picó los seis toros de la tarde, completó una faena íntegra y demostró los conocimientos, la técnica y el temple necesarios para merecer el reconocimiento del gremio.
Al término de aquella tarde en León, Efrén Acosta Cobos recibió días después su carnet que lo acredita oficialmente como Picador de Reses Bravas, convirtiéndose así en la cuarta generación de su familia en ostentar ese título con legítimo orgullo.
La sangre de los Cobos
La historia de este joven picador tiene una segunda raíz igual de poderosa. Por el lado materno, la familia Cobos, oriunda de Aguascalientes, lleva décadas vinculada a este mismo oficio dentro de la fiesta brava, lo que hace de Efrén Acosta Cobos el punto de convergencia de dos grandes tradiciones picariles. En sus venas corre el legado de dos familias que han entregado su vida al toreo a caballo, y en su carnet recién expedido se concentra el esfuerzo y el sacrificio de todos ellos.
Un nuevo capítulo en la tauromaquia mexicana
Con apenas su carnet en mano y toda una carrera por delante, Efrén Acosta Cobos no llega a los ruedos mexicanos como un desconocido. Llega avalado por una historia familiar que pocos pueden igualar, con la humildad de quien sabe que el apellido es una guía, pero el respeto hay que ganárselo tarde a tarde, toro a toro, puyazo a puyazo.
La dinastía Efrén Acosta sigue viva. Y el cuarto capítulo apenas comienza.