El gremio taurino del Estado de Tlaxcala, a través de la asociación Unidos Por El Toro A.C. ha convertido una tradición la celebración de la Posada Taurina, año con año se reúnen los integrantes de cada componente de la fiesta brava, es decir, matadores, ganaderos, novilleros, periodistas, peñas taurinas, familiares y amigos. En este evento cada uno de los antes mencionados realiza una aportación desde alimentos hasta ganado bravo, en lo que respecta a esto último los ganaderos amablemente aportan y permiten presenciar la tienta de algunos ejemplares por los matadores invitados, cada uno auxiliado por los alumnos de las escuelas taurinas locales. La sede de esta ocasión fue la legendaria ganadería de Piedras Negras, propiedad de Don Marco Antonio González.
Tuvo lugar una misa de acción de gracias en la antigua capilla de la hacienda, oficiada por el padre Ranulfo Rojas Bretón. Así también se entregó un reconocimiento al Pbro. Adrián Gutiérrez Pérez.
Dió inició a las labores camperas una vaca del hierro de Hernández Cosio para el novillero sin picadores; Juan Pablo Ibarra. La vaca mostró calidad, permitiendo a Juan Pablo gustarse con el capote. Acudió de media distancia al pero de Azael Piedras, encargado de ejecutar la suerte de varas. Con la muleta el novillero consiguió hilvanar muletazos con estética por el costado izquierdo, así también por la derecha cuidando las condiciones de la becerra.
Posteriormente, salió un eral de La Trasquila para el becerrista Rafael Montoya “El Malino”. El negro azabache tuvo suavidad en la embestida, poco falto de fuerza pero con connotaciones favorables. “El Malino” dejó plasmados trazos con temple, entendiendo lo que requería el de La Trasquila.
Le siguió una becerra de Don Antonio De Haro, lidiada por el novillero Pablo Martínez “Finito”. La de De Haro dió pelea en el caballo del picador, acudiendo dos veces al mismo. La cárdena también exigió el carnet, la muleta a media altura, de un muletazo en uno y dando su tiempo. “Finito” resolvió bien, poco a poco haciéndose de la becerra.
Luego cruzó la puerta de toriles una erala de La Soledad, correspondió al novillero sin caballos; Marco Peláez. Desde salida Peláez lidió muy bien con el capote, dejando Verónicas de importancia. La vaca acudió dos veces al caballo de una distancia considerable, alzando las expectativas. Con la muleta se empleó de buen modo por ambos pitones, permitiendo observar tandas con sentimiento, además de la variedad del torero.
Finalmente saltó al ruedo una becerra colorada, ojinegra, bragada de La Gasca. A cargo de su lidia estuvo el novillero Jesús Sosa. Mostró calidad en su embestida, con mucha clase acudió a los naturales que Sosa fue estructurando.
Habiendo cerrado el tentadero se dió pasó a la convivencia donde se degustó una rica variedad de paellas, haciendo sobremesa conversando los detalles vividos y lo acontecido taurinamente hablando a lo largo del año.