Responsive image

Destaca Leo Valdez en Pamplona

Edgar Mendoza - Colaboración Especial - 7/7/2023

El joven diestro mexicano Leo Valadez destacó por su solvencia en la lidia de la corrida de La Palmosilla, desigual de comportamiento pero de infatigable fondo, jugada en el tercer festejo de los Sanfermines de Pamplona, que fue presidido por la alcaldesa, Cristina Ibarrola, como es habitual en el día de Patrón.

Pero la nueva edil del consistorio iruñés no tuvo opción de sacar su pañuelo blanco para premiar a ninguno de los componentes de la terna, básicamente porque no estuvieron acertados con la espada y el descabello, dejando así en un silencio final a los tendidos tras alguna faena más que estimable.

Claro que eso sería ya en la segunda parte del festejo, porque los tres primeros astados del hierro gaditano en salir al ruedo sacaron una aspereza que se endureció aún más por el infatigable fondo físico que les proporcionó, como confesó el mismo ganadero, su intensa preparación en el campo de cara al encierro matinal.

Sin dejar de moverse un solo momento, y sin dar tregua a los matadores y a sus cuadrillas, esos tres toros negros o bien se defendieron soltando cabezazos, como el que abrió plaza, o se movieron sin entrega alguna, incluso a violentos arreones, como hizo el basto primero del lote de Valadez.

Rafaelillo y Escribano pasaportaron a los suyos con habilidad y ligereza, buscando con efectismos la complicidad de las peñas, pero el joven mexicano aplicó mucha más sinceridad, y buen oficio, con ese más peligroso tercero, que estuvo a punto de prenderle en varias ocasiones, pero al que acabó sometiendo, permitiéndose incluso el lujo de rematar la faena con manoletinas de rodillas.

La segunda parte de la corrida ya tuvo otro cariz, y otro color, el castaño de tres toros también con movilidad y su punto de fondo, solo que con mayor nobleza y codicia en los engaños. Al cuarto, además, le atemperó mucho una dura vara de Alberto Sandoval, suficiente para darle más confianza al veterano Rafaelillo, que aun así no terminó de asentarse entre la indiferencia de la hora de la merienda.

Y como dicen que no hay quinto malo, en ese turno salió el mejor de la corrida, que, curiosamente, también fue el de mejores hechuras: bajo de agujas, fino y hecho "cuesta abajo", "Aspirante" no paró de galopar con celo y claridad desde que Escribano, como a su primero, le saludó con una larga cambiada a portagayola.

Después, con el de La Palmosilla acudiendo a los cites con veloz prontitud, el torero de Gerena protagonizó un muy desigual tercio de banderillas, sin acertar siempre a dejar los arpones en el lomo de ese vendaval al que iba a abrir faena también con las dos rodillas en tierra en los mismo medios de la plaza.

Fue solo entonces cuando se atemperó el toro, aunque no tanto Escribano, al que le faltó un mayor pulso para seguir llevando toreadas las buenas embestidas de un animal al que se empeñó en alargar el trasteo cuando éste ya se había dejado todo el gas sobre la arena. Con todo, de haberlo matado bien, se hubiera llevado una más que probable oreja.