Sin muchos sentimientos encontrados porque hablar de Luis Ramón Carazo Preciado es hablar ante todo de un ser humano, Un ser que apasionado por la Fiesta Brava, pero un hombre lleno de letras y económica de los grandes académicos de ITAM, Instituto Tecnológico Autónomo de México.
Desde este espacio hago un pequeño reconocimiento al crítico taurino que identificó al toro sin trapío como el toro “Light” por su baja presencia y fondo, término que molestó a más de un criador.
“Los nombraba "Light" a los toros, cuando tenían poco trapío. Yo le decía entonces soy "Light" por mi tamaño. El respondió no hermano tu eres "Martincho",cómo te apodó mi padre "Arenero", refiere Martín Morales, cronista taurino, compañero de andanzas en la XEW donde por décadas la transmisión taurina era parte de esta casa radiofónica.
Y agrega…
“Se reía mucho. En aquel tiempo que estábamos en Televisa, nos reunimos para ver la programación de las transmisiones y de ahí nos íbamos a tomar un café; Carazo, Mauricio Loken al que por cierto le decía "padrino" para hablar largo y ameno”.
La familia Carazo Preciado decidió que los varones llevaran el nombre de Luis y después un segundo nombre. Luis Ramón fue su insignia y Luis su hermano en Tijuana, era el otro avezado al toro y a la academia. Podían hablar o enfrascarse una charla apasionada de toros y concluir un tema.
Así lo recuerda Juan Alvarez, otrora cronista taurino del diario Ovaciones y actualmente Director de Comunicación Social en la Fiscalía de Yucatán.
“Compañero de andanzas profesionales durante años, a través de innumerables transmisiones de radio y televisión en medios como Televisa, la XEW, SKY y también de prensa escrita -otra de sus pasiones-, que compartimos en el periódico Ovaciones en dónde colaboró con su infaltable columna semanal Ocho con Ocho, hoy se adelantó en el paseíllo Luis Ramón Carazo Preciado, catedrático del ITAM, hombre bueno y destacado profesional. Gracias por tu amistad, cercanía y consejos .
Hasta siempre "hermanito" cómo solías saludar, como preámbulo de las que se convertían en interminables tertulias. Buen viaje, amigo.
Sabía del dolor humano.
A ti título personal un servidor Edgar Mendoza. Al saber Luis Ramón lo agónico que es vivir con cáncer siempre estuvo pendiente de mi familia, ya que mi esposa pelea con este mal desde hace cinco y siempre era un lindo llamado escucharlo decir “Hermanito, espero este bien tu señora, -yo ahi la llevó pero no veo claro y esperanzas”.
Luis Ramón Carazo Preciado, tenía la muerte clavada y sentía como el toro que su fin llegaría, y mire haces varias semanas fue a casa de Arturo López “El Bardo”, escritor biógrafo y bibliófilp, apasionado de la Fiesta Brava siempre agudo con la presencia del toro y crítico a lo malo en rededor del toreo y admirador de los espadas que fueron sus héroes.
Esta mañana de un triste domingo le llame a “El Bardo” una anécdota y me habla y solemne me dijo:
“Fijate que vino a casa hace unos meses. Estuvimos en el patio y vio una maceta con una plata que le recordó una que tenía su mamá. -Ya no quiso caminar más, se veía muy disminuido y nos sentamos a platicar de todo menos de toros.
La plática versó en torno a su padre, sus hermanos y alguna referencia taurina pero solo hasta ahí. Después lo invité a pasar al salón taurino - que en verdad es una sala para experimentar un paseo a 500 años de tauromaquia, y ya no quiso.
No insistí y lo convide a pasar a tomar una cena o algo para que comiera y no dijo nuevamente no…
“Fijate que no me siento a gusto esta enfermedad me hace emitir un olor desagradable y para mi eso es incomodo” - decía Luis Ramón ya que tenía un cáncer en el colón y le fueron eliminado el intestino conforme fue empeorando su salud.
Esta misma situación lo ponía mal con su misma familia le refirió al “El Bardo”.
Sin más chance de hablar del tema esa tarde Luis Ramón Corazo le pidió a Arturo López:
”Ahora que me muera solo te quiero pedirte una cosa: Hazme una columna con tu singular estilo”, y sacó una pluma de su chamarra y se la entregó, en el mismo lugar donde está esa plata, idéntica a la que su mamá tenía en su casa.
“Esa fue su petición y la voy a cumplir. Dejaré esa pluma en la maceta en la plata, porque ahí le corresponde estar”.
Después de una despedida. Luis Ramón dijo me retiro “El Barlo” le dijo que acompaño y apoyado con un bastando al pasito, le respondió -”Aun puedo y abandonó la vivienda de Arturo y Magia y se para tomar seguramente un taxi que lo regresará a su casa en Coyoacán, dijo Arturo López “El Bardo” quien me dijo amigo te dejó… y colgó.
Luis Ramón Carazo Preciado así definió su paso y cariño por la UNAM de la cual se graduó y soñó ser profesional de fútbol..
Nuestra UNAM
Nuestra UNAM, y afirmo nuestra porque día con día cumple con apoyar a la docencia, a la investigación científica y a difundir la cultura consistente con su historia desde que fuera Real y Pontificia la Universidad Nacional y, a partir de 1929, Autónoma de México.
Es incontable el cúmulo de aportaciones de la UNAM y uno de sus beneficiarios es el que escribe, pues mi educación desde la secundaria y preparatoria transcurrió en la calle Licenciado Verdad, donde se ubicó la Preparatoria 2; dos carreras cursé en la Facultad de Contaduría y Administración; el inglés lo aprendí en el Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras y además fui catedrático de mi Facultad varios años.
Me resulta emocionante escribir estas letras que me traen recuerdos gratos en época en la que la humanidad libramos una guerra mundial con la pandemia. La labor cotidiana de la UNAM, sus salones de clase, sus laboratorios y museos, sus salas de arte, entre otros, son recintos que propician riqueza intelectual personal y colectiva.
En sus aulas tuve la fortuna de tener (entre muchos extraordinarios profesores) a María Edmeé Álvarez, una de las mujeres más cultas en la literatura en español que haya tenido nuestro país, y al oaxaqueño Andrés Henestrosa, gran escritor, en alguna época senador de México y charlista inolvidable.
En los campos deportivos de la Ciudad Universitaria, representando a la UNAM, entrené, jugué y soñé (sólo eso) con ungirme futbolista profesional. En la Facultad de Contaduría y Administración fui alumno de, entre otros grandes maestros, Ricardo Mora Montes, y empecé mi carrera de tiempo parcial de profesor, mucho, muchos le debemos a la UNAM.
El agradecimiento surge cuando nos sentimos en deuda con otro, porque nos ha producido algún bien, nos ha prestado un servicio o nos ha hecho un regalo; recordar nuestro pasado es útil para vernos tal y como somos hoy. Entre las múltiples experiencias que nos permite nuestro mundo emocional se encuentra el sentimiento de nostalgia, así recuerdo mis muchos años en la UNAM.
De pronto, uno se siente invadido por las sensaciones del ayer y se da cuenta de que no es un mero ejercicio de la memoria; ocurre entonces que, de aquellas emociones, se despierta un enorme sentimiento que cubre todo nuestro ser con el recuerdo; es como si de golpe todo el pasado quedara resumido en un momento. Fue lo primero que se me vino a la mente cuando escuché que la UNAM había abierto el Centro de Diagnóstico Covid-19 para la atención del público en general, ubicado en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
Ojalá y en México nos demos cuenta de que estamos ciegos y que, para empezar a ver, necesitamos impulsar a la educación pública y privada en todos los niveles, si es verdad que los mexicanos queremos un país distinto para las próximas generaciones. No me parece que haya opción, invirtiendo en la UNAM y en todas las instituciones académicas, impulsamos a México, que nos quede claro, y actuemos en congruencia con el futuro que no perdonará a los medrosos.
Quien ha dado un paso adelante ya desde hace más de 25 años es la Fundación UNAM, otorgando más de 70 mil becas de diferente naturaleza; unas de ellas, las de movilidad, abren durante un semestre las principales puertas de las universidades del mundo.
Su presidente, Dionisio Meade, con sus voluntarios y donadores, han comprendido y están tratando de resolver el gran problema del país: el de la educación; el de la educación con pertinencia y calidad, el de la educación pública y laica, el de la educación que es equitativa en su acceso e innovadora en sus contenidos, el de la educación que nos vuelve seres humanos críticos y creativos.
Dionisio nos propone concertar, en lugar de abrir más campos absurdos de batalla; cabría entenderlo y hacer algo al respecto. Hoy, al leerme, por favor conmigo entone un Goya que nos impulse a estar con ánimo de darle la vuelta a la pandemia.
¡Cachún Cachún Ra Ra! ¡Goya, Goya, Universidad!
Creo que la partida de Luis Ramón Carazo a quien busqué desde enero -pero no tuve oportunidad de tener respuesta de él, aunque creo si llegaron los mensajes cerramos un ciclo vida de un hombre de fue pleno y cómo la vivió cerca de la vida de este país, del toro, pero sobre todo con su familia.
PD. Puto cáncer que te llevas a la gente que queremos.
Descansa Hermanito…