Habían desfilado cinco ejemplares de Los Encinos en la corrida de aniversario del Nuevo Progreso y solo destacaba la medianía en la calidad de los bureles, a excepción del primero, y que Arturo Macías desperdiciaba con el estoque dos faenas de corte de apéndices, pero el festejo estaba lejos de concluir.
Con el sexto en el ruedo, segundo de Arturo Gilio, Macías apareció en su lugar durante el tercio de banderillas y el público entonó el grito de “Cejas-Cejas” con tal magnitud que el de Aguascalientes regaló un toro en el acto, acción secundada por Andrés Roca Rey casi instantáneamente.
Pero era el dueño de la escena era Arturo Gilio, el quite de ajustadas gaoneras encendió al ya eufórico tendido quien luego acompañó la lidia con clase y sitio del de Torreón, tras soberbia estocada se asomó el primer triunfo de la tarde, dos orejas para el más joven de la terna.
Enseguida llegó el primero de regalo, Arturo Macías, engallado por la afición y por lo cerca que había estado de triunfar en su lote ordinario, cuajó otra faena con el sello de la casa, esa mezcla de valor, desplantes y buen toreo que le arroja dividendos aquí y allá.
“El Cejas”, pasó aceite con la inoperancia del puntillero, pero al final el toro dobló sin necesidad del descabello, el coso se pintó de blanco y el biombo mostró otros dos pañuelos.
Andrés Roca Rey, quiso agradar a como diera lugar, tras enfrentar un débil e incierto lote, el de regalo de Las Huertas apareció con aires de mucha raza en el ruedo.
Al inicio de su labor con la muleta el astado se estrelló en tablas y disminuyó notoriamente sus condiciones, el espada peruano lo consintió al máximo hasta lograr instantes de mucho mérito que coronó con hábil espadazo para cortar la última oreja del festejo.