El encierro de Bernaldo de Quirós, que entró de sustituto en el festejo, dió al traste con cualquier posibilidad de triunfo en la esperada reaparición de Enrique Ponce en Guadalajara quien alternó con Juan Pablo Sánchez y Sergio Flores, que también corrieron con la misma mala fortuna.
Todo lo que salió por la puerta de toriles, acusó falta de raza y emotividad para embestir, amén de suponer que su tonelaje poco les ayudó para llegar con solvencia o suficiente movilidad a la muleta.
El regreso de Enrique Ponce al coso tapatío no fue lo esperado por la concurrencia que prácticamente llenó el numerado, un sector del público se metió fuerte con el valenciano al considerarlo eje de la tarde de fracaso que se vivió en El Nuevo Progreso, tampoco el juez de plaza se escapó de la ira colectiva durante la corrida.
El abre plaza, primero de Ponce, un toro con 595 kilos encima se despitorró en el encuentro con el picador, en su lugar apareció “Velador” que con sus 535 kilos permitió al valenciano algunas series, sobre todo al natural, que calentaron el gélido ambiente.
Apareció el elegante y cadencioso temple de Ponce hasta donde las fuerzas de su enemigo llegaron, hizo menos malo, un toro malo; su espadazo fue desprendido y recurrió a eficaz descabello, la gente aplaudió pero guardó los pañuelos.
Su segundo fue uno más del catalogo de ejemplares sin raza, ni emotividad, ni fuerza que desfilaron en el ruedo tapatío, pese a todo declaró que quiere regresar a Guadalajara.
Juan Pablo Sánchez y Sergio Flores se esforzaron en sus turnos para obtener algo que ofreciera posibilidades de triunfo, cuidaron al máximo sus ejemplares en la vara, pero ni eso ayudó a encontrar tela de donde cortar.
Cuando el sexto de la tarde empezó a perder las manos ante el capote de Sergio Flores la decepcionada concurrencia decidió abandonar notoriamente el coso.