Dos non gratos invitados en el coso de la Colonia Monumental se apoderaron del escenario, el viento y la lluvia, uno por uno fueron haciendo estragos hasta terminar con la segunda novillada de temporada en Guadalajara.
Francisco Martínez, novillero de San Miguel de Allende Guanajuato, fue el único que pudo torear su lote competo, de hecho le vió la cara a tres astados. Su primero “Grandulón” de Fernando Lomelí, apenas saltó al ruedo y fue pitado por el tendido debido su escaza presencia, el biombo no quiso problemas y lo regresó.
Luego Martínez se acomodó bien con “Solidario”, estuvo a la altura ante un novillo que no garantizaba mucho y al que despachó hasta el tercer viaje, el de Guanajuato alcanzó a mostrar detalles de buen oficio que pudo culminar con su segundo.
En medio del viento y con las primeras gotas de la tormenta ya encima, Martínez lanceó elegante de rodillas y con zapopinas, una vez más banderilleó con un toque personal y cuajó muletazos largos y sentidos, en medio de un vendaval mató de media cuando la concurrencia ya buscaba refugiarse de la furia del Dios Tlalóc. Merecida vuelta al ruedo.
Mariano Secosse llegó con buen cartel, la fortuna no estuvo de su parte con el único novillo que enfrentó, un ejemplar que no lo dejó cómodo y al que se le acabaron rápido las embestidas.
Juan Pedro Herrera pagó el derecho de piso, en este nuevo aire de su carrera no lleva ni media docena de festejos toreados, enfrentó al novillo mas hecho de lo que se alcanzó a torear, “Flaquiguapo” lo hizo ver su suerte en las cinco ocasiones que terminó en la arena.
Herrera salió maltrecho pero con algunas palmas que agradecieron su voluntad para ponerse de pie una y otra vez, y ponerse en la cara del burel.