Este martes, Manuel Rodríguez Sánchez hubiera cumplido cien años. Uno de los matadores más trascendentales en el desarrollo y la evolución de la Tauromaquia nació en Córdoba el 4 de julio de 1917. Perteneció a una familia de abundante ascendencia taurina; hijo del matador de igual nombre y apodo, que falleció cuando Manuel sólo tenía cinco años, antepasados suyos fueron los toreros José Dámaso Rodríguez, Pepete, y José Rodríguez Sánchez, Bebe Chico, y el banderillero Rafael Sánchez, Bebe. Su madre había estado casada en primeras nupcias con Lagartijo Chico. Desde bien pronto frecuenta la compañía de jóvenes toreros con los que acude a cortijos, herraderos y tentaderos. Sus primeros capotazos los da en 1929 en la finca Lobatón, cerca de Córdoba.
Sus primeras apariciones para actuar en público son en 1930, en la Escuela Taurina de Montilla. En 1933, el Domingo de Resurrección participa en una corrida de novillos en Cabra, dentro de un espectáculo en el que toma parteJuanita Cruz. Ese mismo año se integra en el espectáculo cómico-taurino-musical ‘Los Califas’; Manuel lleva a cabo la lidia en la parte seria de las actuaciones. En 1933 torea vestido por primera vez de luces en una corrida nocturna celebrada en la plaza de la localidad francesa de Arles. Completan el cartel Rafael Morales, Piripi, y los hermanos Gárcena. Abandona el grupo cómico-taurino y ya sólo participará en corridas normales. Su presentación será el 1 de mayo de 1935 en la plaza madrileña de Tetuán de las Victorias. Le acompañan los novilleros mexicanos Liborio Ruiz y Silverio Pérez y el españolBonifacio Fresnillo, Valerito Chico. Las reses eran de Esteban Hernández. Ese día Manuel fue anunciado por error como Ángel Rodríguez. En Córdoba se presenta con picadores el 27 de julio de 1935 y destaca con el acero.
Al comenzar 1936 toma parte en varias novilladas, todas ellas celebradas en Córdoba. El comienzo de la guerra el 18 de julio corta su temporada de aquel año. En 1937 suma muy pocas actuaciones, al igual que en 1938. El día 26 de mayo se presenta en Sevilla, donde logra un sonoro triunfo el 5 de junio y el 9 de octubre. En esta ocasión estoqueó de manera sublime dos novillos de Villamarta. La primera mitad del año 1939 torea novilladas en Córdoba, Sevilla, Cádiz, Algeciras y Cabra. Poco a poco Manolete ha visto como su cartel crecía y ha conseguido limar los defectos de los que adolecía en sus primeras actuaciones. Así, ha llegado el momento de pasar de novillero a matador. El 25 de junio de 1939 se despide en el coso del Puerto de Santa María como novillero con reses del Conde de la Corte. En esa corrida intervinieron Gallito, Paquito Casado y un joven rejoneador portugués, Mascarenhas.
Manuel Jiménez Chicuelo, le concede la alternativa el 2 de julio de 1939 en La Maestranza de Sevilla, con el toro ‘Comunista’, rebautizado como ‘Mirador’ por razones obvias en aquella época, perteneciente a la ganadería de Clemente Tassara. Rafael Vega de los Reyes, Gitanillo de Triana, actuó de testigo. El 12 de octubre de ese año confirma la alternativa de manos de Marcial Lalanda. El otro espada de aquella tarde era Juan Belmonte Campoy, que ese día también confirmaba el doctorado aquel día. Los astados eran de la ganadería de don Antonio Pérez. Con el sexto de la tarde obtiene un gran triunfo. Aquella, su primera temporada como matador de alternativa se salda con 16 corridas y unos estupendos augurios para la campaña siguiente. En 1940 suma 50 corridas, cuatro de ellas en Madrid, destacando la del 6 de junio, en la que le corta una oreja a un toro de don Antonio Pérez. Esa temporada obtiene éxitos destacados en Sevilla, Alicante, Bilbao, San Sebastián, Barcelona y algún otro coso importante. Poco cambian las cosas en 1941, temporada en la que suma 58 corridas. En 1942 despacha 72 actuaciones, triunfando en Barcelona y en las ferias más relevantes. La temporada ya estaba muy avanzada cuando actúa dos veces en la capital, la última fue la del 27 de septiembre, tarde en la que un toro le corneó, causándole una herida de gravedad en el muslo derecho.
En aquellos años Manolete es el número uno de la Fiesta en España. Es el principal atractivo de los carteles en los que figura y su nombre lleva a mucha gente a las plazas. Son 74 corridas las que torea en 1943, y el éxito es la nota predominante de todas ellas. El 29 de mayo, el 2 de junio y el 15 de julio son las fechas de tres tardes especialmente afortunadas del cordobés en Madrid. No sufre cogidas de importancia, aunque sí algunos percances como los del 28 de marzo en Castellón, el 15 de agosto en el Puerto de Santa María, el 2 de septiembre en Palencia y el día 11 en Albacete. En la campaña de 1944 suma 92 corridas, casi todas con un éxito notable. Esa es la temporada en que Manuel Rodríguez cuaja la faena más completa de toda su carrera. Fue el 6 de julio en la plaza de Las Ventas, en la corrida de la Asociación de la Prensa. Con el último toro de la tarde, un sobrero de la ganadería portuguesa de Pinto Barreiros, ‘Ratón’, que sustituía a un toro de vacada de don Alipio Pérez-Tabernero. La faena de Manolete resultó acabada y magistral. Entre la afición y los críticos causó auténtica sensación.
El año 1945 se salda con 71 corridas, un buen número que habría sido mayor de no ser por la cogida del 29 de junio en Alicante, cuando un toro de don Francisco Chica le fracturó una clavícula. Cuando concluye esa campaña Manolete se va a América. En México le esperan con ansia y se presenta allí el 9 de diciembre, con astados de Torrecilla. Esa tarde Manuel alternó con Silverio Pérez y Eduardo Solórzano. Sólo se enfrentó a un toro porque había sufrido una importante cornada en el muslo izquierdo. Logra un gran triunfo. Entre finales de aquel año 1945 y principios del 46 torea, además de en México, en Colombia, Perú y Venezuela. La campaña de 1946 sólo torea en una ocasión, el 19 de septiembre en Madrid, junto a Antonio Bienvenida y Luis Miguel Dominguín, con toros de Carlos Núñez. Manolete cortó una oreja a uno de los toros. A finales de ese año vuelve a viajar a América, allí torea en México y Perú. Cuando vuelve a España, en 1947, comienza su temporada cuando la campaña se encuentra ya bastante avanzada. El 16 de julio torea la que sería su última corrida en Las Ventas, la de la Beneficencia. Esa tarde resulta herido en una pierna por un toro de Bohórquez.
Para el 28 de agosto de 1947 está anunciado en Linares, junto a Gitanillo de Triana y Luis Miguel Domínguín. Los astados son de la vacada de Miura. El quinto toro, ‘Islero’ de capa negro entrepelado bragado, va cortando terreno a la hora de la muerte. Manolete realiza la suerte suprema despacio, ‘Islero’ le engancha por el muslo derecho y le derriba. El diestro cae en un gran estado de shock y así es conducido a la enfermería. Allí le aprecian una gran cornada en el triángulo de Scarpa, con importantes destrozos vasculares y musculares. A consecuencia de la grave herida fallece en el Hospital Municipal a las cinco horas y siete minutos de la madrugada del día 29. A título póstumo le fue concedido el ingreso en la Orden de la Beneficencia.
Manolete es el torero de todo un tiempo, el diestro más representativo de su época, con una concepción del toreo muy en consonancia con la sensibilidad del aficionado de entonces. Su manera de entender la lidia es de una importancia trascendental en la historia de la tauromaquia. El cordobés siguió una evolución inversa a la que experimentan la mayoría de los diestros, que comienzan apuntando sus condiciones de toreros, para acabar dominando la suerte suprema. Manuel Rodríguez empezó de novillero con una gran seguridad como estoqueador, y sin perder la perfección con que practicaba la suerte de matar llegó a convertirse en un torero de gran personalidad y perfección. Manolete está dotado desde el inicio de su andadura profesional de un arte inigualable a la hora de matar al toro, y a esta facultad debe el prestigio del que empezó a gozar antes de la Guerra Civil, prestigio, por otra parte, bastante limitado en aquella época. Después comenzaría a dar muestras de sus facultades de torero de excepcional calidad y personalidad única.
Manuel fue un hombre sobrio y recio. Tenía un sentido recto de la profesión, la máxima que presidía cada una de sus actuaciones era que se debe estar bien todas las tardes y con todas las reses. Este férreo carácter Manolete lo trasladaba al ruedo, imponiéndose al toro. De esta forma, su arte era también escueto y seco. Manolete tenía un inventario de suertes más bien breve, que se reducía a las básicas de la lidia. En pases de adorno era de una gran parquedad. Contribuyó a la divulgación de la manoletina, pase de muleta al que dio nombre, si bien no se puede decir que fuera su inventor, pues antes que él otros diestros lo habían ejecutado. Pero Manolete logró imprimir su personalidad a la suerte, por lo que acabaría dando nombre al pase. Sus faenas de muleta eran fantásticas; por lo que toca a la colocación del diestro, en su sistema de toreo se cumple a la perfección la evolución del toreo de muleta. El toreo de frente con la muleta llega a término de su evolución con el malogrado diestro cordobés. Solía colocarse de perfil, con el cuerpo avanzado, y la muleta situada por detrás. El toro después de pasar por el cuerpo del torero tomaba la muleta.
Manuel Rodríguez fue un torero singular que llenó el sólo toda una etapa de la historia del toreo y cuya estela fue seguida después tanto por sus contemporáneos como por las generaciones posteriores. El toreo que intuye Belmonte y que plasta de manera aislada Chicuelo, concluye con Manolete, que es capaz de imponérselo a la gran mayoría de los astados y sirve como patrón y referente del toreo actual. Por eso, más allá de sus datos biográficos, y coincidiendo con el centenario de su nacimiento y el 70 aniversario de su muerte, este medio analizará en los próximos meses su personalidad, su trayectoria, su concepto y la trascendencia que éste tuvo en la madeja de ese gran Hilo del Toreo del que habló el maestro Pepe Alameda.