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Adame se lleva El Gato Al Agua en el Nuevo Progreso | 12/2/2017

El Nuevo Progreso de Guadalajara casi llena el boletaje numerado para ver a los de Teófilo Gómez con Morante de la Puebla y Roca Rey, pero la gente salió hablando de Luis David Adame.

El menor de la dinastía ya lo había advertido desde que llegó a la capital jalisciense, “si se fijan, soy el único mexicano en el cartel”, por lo que apareció en el El Nuevo Progreso listo para ganar las palmas a sus alternantes de primera línea.

Adame encontró en su primero el mejor toro del encierro, con recorrido y embestida clara que le permitieron el lucimiento y la confianza, desde el capote, para hilvanar la faena de la tarde.

Luis David tiene gracia, técnica y arte en sus procedimientos, su cara de niño atrapa a todos en el tendido que le aplauden su desparpajo ante cada burel que pasa largo ante su templada muleta.

Además se entregó en cada estocada, se ‘llena de toro’ al matar recibiendo para pintar de blanco los tendidos, sin el protagonismo de otras veces, el biombo sacó los dos pañuelos automáticamente.

En su segundo, Adame lucio hasta donde las condiciones de su astado lo permitieron, no hubo el gran estoconazo final pero la afición no dudó en sacarlo a hombros del coso tapatío.

Andrés Roca Rey, puso a la plaza en ebullición durante su primero, los ajustados cambiados por la espalda y su larga y tersa versión de la dosantina levantaron los olés, hasta ese momento, más fuertes del festejo.

Pero Roca Rey falló con el estoque y en un chispazo la ilusión de triunfo que se había sembrado en público y torero se esfumó. Salida al tercio.

En su segundo no encontró mucha respuesta y abrevió para abandonar la plaza con tiempo suficiente para no perder un vuelo a Colombia.

Y Morante solo pudo regalar pincelazos de su toreo, el que abrió el festejo le permitió instantes de mucha solera, pero el tonelaje del burel le fue minando las fuerzas poco a poco hasta apagarse. Palmas para el andaluz.

En su segundo el de La Puebla se desesperó con la poca colaboración de su enemigo y con la exigencia de la concurrencia que le dispara reclamos apenas se asoma el primer gesto incomodo del espada. Morante abandonó la plaza contrariado por su mala fortuna en Guadalajara.

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